Hace ya algunos años, el célebre
novelista alemán Ernst Heller no hubiera podido sospechar que su afirmación,
"Xavier Borja es un hombre desolado", escrita con la mayor ligereza y
sin el menor ánimo de trascendentalidad, habría de hacer fortuna en los años
sucesivos, si se entiende por hacer fortuna la inauguración de un encendido
debate en torno a la identidad de Xavier Borja cuya llama no ha hecho sino
avivarse con el paso del tiempo. Así, este debate se ha constituido
principalmente en el enfrentamiento de dos posiciones. De un lado, la reinante
en el ámbito de la crítica norteamericana, liderada por el catedrático de Yale,
Michael Hopkins. Según la tesis de Hopkins, Xavier Borja es, en efecto, un hombre
desolado. Sin embargo, se trata de una desolación que debe ser entendida como
opción vital, como enfrentamiento o actitud esencial ante el mundo. En
oposición, Maria Nikolaieva, profesora
de la Universidad de Lovaina, sostiene, en una interpretación que ha devenido
hegemónica en la orilla derecha del Atlántico, que la desolación no puede jamás
entenderse como opción vital: "La desolación—arguye Nikolaieva—no puede
ser concebida como opción vital de un sujeto, en tanto que no puede
constituirse sino como efecto de un contexto o medio. De ahí que la desolación
no sea actitud, sino siempre respuesta".
Al margen de estas dos
posiciones, cabe añadir que la discusión acerca de la identidad de Xavier Borja
se ha visto animada por algunas otras teorías, aun cuando estas últimas hayan
gozado, ciertamente, de una aceptación menor. Entre estas teorías adyacentes,
puede destacarse la de Pierre Forneaux, quien sostiene que Xavier Borja tiene
los ojos azules, una teoría indudablemente acertada, si bien un tanto
conservadora. Asimismo, debe mencionarse la aportación de Silvana Scurezza,
quien en un polémico artículo escribió: "Xavier Borja es estrictamente una
mujer". Es esta última una teoría cuya radicalidad no ha facilitado su
aceptación crítica.